François-René de Chateaubriand - El bosque



¡Bosques silenciosos, perfectas soledades,
cómo amo recorrer vuestras umbrías ignoradas!
En vuestros oscuros parajes, soñando extraviado,
experimento un sentimiento libre de inquietud.
¡Ilusiones de mi corazón!, creo ver surgir, en exhalaciones,
de los árboles, de la hierba, una dulce tristeza;
y la brisa que escucho, y que murmura tan suavemente
desde los confines del bosque, parece susurrar mi nombre.
¡Oh!, ¿por qué no puedo yo, feliz, pasar mi vida entera
aquí, lejos de los humanos?... Al rumor de los arroyos,
sobre una alfombra de flores, sobre la hierba primaveral,
qué ignorado descanso, a la sombra de los olmos.
Todo habla, todo me place bajo estas tranquilas bóvedas:
aquellas retamas, ornamentos de un reducto silvestre,
o esa madreselva que, alcanzada por un viento ligero que huye,
con insistencia sus inestables guirnaldas balancea.
¡Bosques, en vuestros evitados refugios mis deseos se complacen!
¿A qué amante alguna vez le seríais tan caros?
Otros os hablarán sin cesar de amores ajenos;
yo por vuestros encantos solos las desolaciones prefiero.


Traducción de E. Ehrendost.


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