C. M. Leconte de Lisle - El último recuerdo



Ya he vivido, estoy muerto. Con los ojos abiertos
me hundo en el abismo inconmensurable, sin ver nada,
lento como una agonía, pesado como una multitud.
Inerte, pálido, al fondo de un lúgubre pozo
desciendo de hora en hora, de año en año,
a través de lo mudo, lo inmóvil, lo negro.
Sueño, y ya no siento nada. La prueba ha terminado.
¿Qué es, pues, la vida? ¿Era yo joven o viejo?
¡Sol!, ¡amor!... nada, nada. ¡Vamos, carne abandonada,
arremolínate, húndete! El vacío está ante tus ojos,
y el olvido se oscurece y te absorbe cada vez más.
¡Pero yo soñaba! No, no, estoy bien muerto. Tanto mejor.
Pero ¿y ese espectro, ese grito, esa horrible herida?
Eso debió de sucederme en tiempos pasados.
¡Oh, noche, noche de la nada, llévame! La cosa es segura:
alguien me devoró el corazón. Yo me acuerdo.


Traducción de E. Ehrendost.


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